Hay lugares que cree uno que nunca visitará, hasta que llega ese motivo, esa casualidad que te hace reaccionar y decir: ¿por qué no? Esto nos pasó en nuestro último viaje hacia tierras germanas. ¿El lugar? Düsseldorf. ¿El motivo? Ir a ver a una amiga, Laura, que está trabajando allí. ¿La conclusión? Viaje 100% recomendado; el ambiente y marcha que hay allí, en pocos lugares lo he visto. Viaje ideal de fin de semana.

Ya sólo quedaba decidir cuándo y cuántos, el cómo se lo dejábamos a ella. La mejor opción era volar de nuevo con los ryaneros, así que omito cualquier comentario (extenso) sobre ellos, porque decir que se vuela a Düsseldorf (Weeze), cuando está el aeropuerto perdido, a 1 hora de camino hacia el centro de la ciudad, es más que suficiente, pero aún así, siguen siendo los más económicos y la ¿mejor? opción.
Finalmente fuimos 4 los que volamos, la doble V (Víctor y Vero), Inés y el aquí escriba. Lo que lo hacía especial era que ellos iban de “incógnito” (se pensaba que eran amigos míos), lo que supondría una gran sorpresa para Laura. Así que, omitiendo trayecto aeropuerto-ciudad, a las 0:15 llegamos a Düsseldorf y quedaba esperar unos minutos a que llegara nuestra anfitriona para recogernos. Tras 2 minutos, allí se presentó, con su andar risueño y con esa inocencia que la hizo aún disfrutar más de “nuestra sorpresa”. Su cara al ver a Víctor, fue de inmensa felicidad, decir que lo abrazó, gritó y saltó 10 veces, no sería faltar a la realidad… nos hizo mucha ilusión a todos, no sólo a ella. Aguantar la sorpresa durante 1 mes, había merecido la pena (y mucho).

Dusseldorf de noche

Era turno del primer contacto con la ciudad, para ello soltamos rápidamente las maletas en su casa (nuestro alojamiento) y, bien equipados con 2 Becks, salimos a ver cómo era la “famosa” vida nocturna de Düsseldorf. Tuvimos ayuda, ya que otros españoles también residentes allí habían comenzado previamente la fiesta, así que el plan era claro, unirnos a ellos y luego ver que nos deparaba la noche.

La noche de Dusseldorf
Detalles de nuestra vida nocturna en Dusseldorf

La primera impresión fue literalmente de impresión, había mucha, mucha gente, sí eran las 1:00 AM, pero nunca imaginamos esa vida nocturna, en todos los locales, grandes y pequeños, no cabía un alfiler. Tras una breve ronda de reconocimientos, el destino fue el “Mauer” (para nosotros conocidos como el “DiMauer” durante el resto del viaje ¿?). Lo que Laura había definido como un “agujero”, resultó ser un disco-pub, con mucha gente, “buena” (aceptable) música y un ambiente tremendo. Hasta las 3:30 am, intentar moverse allí era una odisea bastante interesante, pero nos divertimos mucho y el grupo que nos juntamos fue espectacular. Como en todo local que se precie, estaba lleno de personajes, lo que hizo la estancia mucho mejor (y evitar pensar que llevábamos 24 horas despiertos). Así conocimos a “la rubia peligrosa”, “el turco acosador”, “Jason Mraz” y “los típicos españoles” (sí, era nuestro grupo). Como nos estábamos viniendo arriba con el paso de las horas, nos dieron las 6 y “cerramos” el Mauer.

Ya era hora de volver a casa, pero necesitábamos llenar nuestro estómago de comida (porque el líquido nos invadía), así que al llegar la plaza la primera sorpresa, estaba llena, de gente, de basura, de barrenderos, parecían las 9:00 AM, pero no eran las 6:15. Buscamos el local de referencia, Pizzeria Lupo, pero estaba cerrados los únicos 30 minutos del día (no es broma), así que el destino final fue un clásico, el BK y nos trataron como “reyes” (no era para menos estando allí).
La vuelta a casa no deparó incidentes, porque sólo queríamos descansar, dormir, tumbarnos y cargar pilas para un siguiente día que tenía pinta de superar al anterior (y así fue…).

Dusseldorf de día

Con 5 horitas escasas de descanso, era hora de abandonar nuestro hogar y descubrir Düsseldorf de día. Duchas, mini desayunos, vestimenta y a la calle. Lo primero que buscábamos era un sitio que ofreciera pasteles y café, un desayuno ideal. No lo conseguimos a la primera, pero si la segunda, donde en un mercadillo compramos una “bomba” de chocolate, que no era bomba por el sabor, sino por los litros de whisky (del barato) que llevaba en su interior. Automáticamente, me desperté, me quitó todo el sueño. Faltaba el café, eso lo encontraríamos en el centro.
Paramos en la habitual parada de ‘Heinrich-Heine-Allee’ y a pocos metros, pudieron encontrar su tan ansiado café, todo ello con la gran suerte de que tardaron mucho en servirlo, ya que una tremenda granizada apareció sobre la ciudad y no nos quedó más que refugiarnos en la terraza del café, para esperar a que “escampara”. Otro detalle más de la ciudad: el tiempo varía radicalmente en cuestión de minutos y no era la primera vez (ni será la última). Como tras la tempestad, siempre llega la calma, pudimos dar un breve paseo por el centro de la ciudad, apreciando, una vez más, el enorme ambiente que allí se vive.
Y tras un breve paseo y tanto ver la gente comiendo, decidimos que era nuestra hora. El Im Goldenen Kessel, más conocido como el ‘Schumacher’ de la ciudad antigua, fue nuestro destino, aconsejado por Laura y lugar del que ya me habían hablado por su cerveza de elaboración propia (Altbier) y su abundante comida. Pues bien, las expectativas se cumplieron todas, menudo homenaje que nos dimos, resumido en 2 horas sin parar de beber y comer y con algunas fotos.

Comida en Dusseldorf
Homenaje en Schumacher

Era tiempo de sobremesa y ya con el tiempo soleado, fuimos a descubrir el resto de la parte antigua de Düsseldorf, callecitas pequeñas, muchos bares/tienda, mucha gente, hasta que llegamos al punto de encuentro por excelencia: ¡las escaleras! El lugar perfecto, para sentarse, beber, contemplar el paisaje, sitio curioso donde los haya, porque son eso, unas simples escaleras…

Detalle de Dusseldorf
Escaleras, Paseo por el río y calles

Tras ver ese preciado monumento, estuvimos caminando paralelos al río hasta llegar a una zona más moderna, con varios edificios del gran arquitecto Frank Gehry. Todos muy originales y divertidos, un cierto toque de modernidad que la ciudad agradece. Este paseo es de los mejores que se pueden hacer y es muy recomendable en todas las visitas.

Casualidades de la fechas, era el día del Barça-Madrid y tocaba sitio para buscarlo, de nuevo mucha gente, todos los bares llenos (también se decidía la liga alemana). Finalmente, encontramos un pub irlandés que nos serviría de refugio y también de descanso, ya que el cansancio acumulado del día anterior empezaba a pasar factura a algunos del grupo. Nada que una (s) buena Paulaner no me solucionara. El partido no deparó incidentes, sólo reseñar el ambientazo que había y la facilidad que tienen los alemanes para beber cerveza, digo de admiración este asunto.

El Dusseldorf moderno
El Dusseldorf moderno

Terminado el partido, con Laura muy feliz por la victoria del Madrid, decidimos ir a buscar la cena. Se decidió ir al otro sitio de referencia: Pizzeria Lupo, donde pudimos degustar sus famosas pizzas, tan baratas como rápidas. Todo un éxito de negocio en el centro de la ciudad y lugar de peregrinaje obligado.

Bien alimentados, ya sobre las 21:30, decidimos ir a tomar otras altbier de elaboración propia, ahí tomamos un par de ellas, pero el grupo empezó a disgregarse, había mucho cansancio acumulado… mantuvimos el tipo con geniales conversaciones sobre el mundo y decidimos tomar la penúltima, acompañados de una intensa lluvia, que no fue otra que un chupito con pica-pica, otra curiosidad de la ciudad.
Llegaban las 0:00, y era momento de decidir si retirada o algo más de fiesta. Estuvo clara la decisión, acabamos en otro sitio inolvidable (el nombre sí), donde, tras bajar unas escaleras, nos encontramos en mitad de una fiesta, ya que el sitio tenía varios “reservados”. Nada especial, sino fuera porque estaban 10 lesbianas en pleno apogeo (literal), a nosotros no nos afectó y seguimos con nuestras Becks, pero se hicieron con las riendas del local y no dejaban casi ni pasar al baño… el detalle gracioso de la noche vino cuando nos íbamos y uno del grupo, David, no encontraba su chaqueta. Tras una intensa búsqueda y casi convencidos que se la habían quitado, la encontró, ¿dónde? en uno de los reservados, no sabemos cómo llegó allí, pero tampoco quisimos pedirle más explicaciones… algo raro hubo.

Ahora sí, eran las 2:30, una buena hora de retirada, así que comenzamos a ello, pero no sin antes volver a parar en Lupo y degustar la última pizza Express. Ahora sí comenzamos el peregrinaje a casa, muy cansados, pero muy contentos con las experiencias vividas. Era tiempo de descansar unas horitas, que mañana volveríamos a Madrid.

Nos despertamos, duchamos, preparamos la maleta y nos fuimos, rápidamente, a desayunar al centro. Tras varios debates (y sitios llenos), nos decantamos por lo más “cañí” que había: el ‘Café Madrid’, donde degustamos unos montados buenísimos y Laura unas albóndigas, que quitaban el sentido. Buena manera de terminar el fin de semana.
Y llegaba el momento de la despedida, siempre triste, pero inevitable. Nos abrazamos y prometimos que repetiríamos. El viaje había merecido mucho la pena, todo salió perfecto y fueron unas estupendas 40 horas en Düsseldorf, llenas de diversión, risas, emociones, en definitiva, un fin de semana genial. ¡Volveremos! Y más ahora que Laura se puede quedar allí mucho tiempo…