Fuente de los 4 rios en Piazza Navona

Son muchos, quizás cientos, los itinerarios y rutas disponibles para visitar Roma. Sin embargo, me apetecía compartir nuestro itinerario de fin de semana en Roma, primero porque me lo habían pedido varias veces y, principalmente, porque puede ser muy útil para futuros viajeros a la ciudad eterna, al ser muy completo e intenso. Eso sí, preparad bien los pies, Roma hay que caminarla para conocerla.

Para mí una de las claves principales en cualquier viaje a la capital italiana es establecer una buena relación entre ubicación y temporalidad. Es decir, que nuestro viaje  de fin de semana sea aprovechable al máximo. Para ello, llegar un viernes más tarde de las 20-21 a la ciudad, es perder un día y volver un domingo antes de las 15 es no aprovechar una mañana. Lo ideal es buscar ese equilibrio entre la llegada a media tarde del viernes y la salida a media-tarde del domingo.

En cuanto a la ubicación, en todos mis viajes me he alojado cerca de Roma Termini y lo considero un acierto, primero porque es donde nos deja el autobús/tren del aeropuerto y segundo, por la buena ubicación para ir a cualquier punto de la ciudad caminando, además de tener parada de las 2 líneas de metro. Decidir qué hotel es mejor o peor, dependerá de la economía/necesidades de cada viajero. Tras haber probado muchas opciones (habitación compartida, literas, habitación privada), sin duda, me quedo con la opción de este último viaje: habitación doble con baño y desayuno. Para disfrutar la ciudad, hay que alimentarse bien y, sobre todo, descansar. Mi consejo sería no evitar pocos € en descanso, lo agradeceréis; aunque tampoco invertir mucho, porque sólo iréis a dormir.

Viernes: Llegada y primeras impresiones de Roma.

La ruta de este día 0 dependerá mucho de la hora de llegada a la ciudad. En nuestro caso, aterrizamos a las 18:30 y estábamos instalados en el hotel a las 20:00. Así que a las 20:30 comenzamos nuestra ruta por Roma.

Lo primero fue cenar una pizza en un local auténtico italiano a pocos metros del hotel. Bien alimentados, era momento de comenzar nuestro paseo por la capital italiana. El recorrido lo tenía claro tras mis 3 visitas previas a Roma: Palacio del Quirinale, Fontana di Trevi, Plaza de España, Barberini, todo ello acompañado de visitas a lugares especiales que encontraríamos durante nuestro trayecto.

Tomamos la calle XX Settembre y nos dirigimos hacia el Palacio del Quirinale. Un recorrido que transcurre entre imponentes y sobrios edificios oficiales, destacando algunas sedes gubernamentales y ministerios. Tras varios minutos caminando llegamos a uno de los sitios curiosos del trayecto: las 4 fuentes (quattro fontani). Situadas en un cruce, en cada esquina vemos una fuente representando al río Tiber, el rió Arno, la diosa Diana y el dios Juno.

Fontana_di_Trevi

Fontana_di_Trevi

Dejando atrás las 4 fuentes continuamos bajando la calle hasta llegar al Palacio del Quirinale, situada en una espléndida plaza donde de verdad empiezas a sentir que estás en Roma. Adoquines, monolitos, flores e imponentes edificios. Es momento de descender por las escaleras para buscar uno de los lugares emblemáticos de la ciudad: la Fontana di Trevi. Eran las 22:15 y la ciudad parecía tranquila, apenas si había movimiento por la calle, pero todo eso desaparece, cuando entre las callejuelas empiezas a escuchar un murmullo de gente, que se hace cada vez más fuerte, hasta que al girar la esquina, la ves. La Fontana di Trevi. El tiempo se para y piensas cómo es posible que esa fuente esté allí.

Es una verdadera maravilla y lo único que empaña el lugar, son los cientos de personas que hay en tan reducido espacio, pero tu momento siempre llega y siendo paciente, podrás hacer buenas fotos, sentarte a disfrutar un helado (me encanta ese momento) o pedir un deseo tirando una moneda hacia atrás. Es de los sitios, donde merece la pena estar sentado 20-30 minutos viendo la vida pasar… alrededor tuyo miles de historias y gente buscándose la vida (fotos, rosas, souvenirs).

Terminados nuestros helados (de melón), era momento de continuar la ruta. Caminaríamos los escasos 500 metros para llegar a otro de mis lugares preferidos de la ciudad: la Plaza de España y en este caso, no es por el sentido patriótico, sino por los recuerdos que me trae. Muchas historias hay en esas escaleras que terminan en el monte de la Trinidad. La plaza en sí es sencilla, apenas una barca en el medio, pero es mucho más, es un punto de referencia. Así lo acreditan los cientos de jóvenes que quedan allí a diario. La estampa de la gente paseando por las escaleras o el trasiego continuo de personas, merece dedicarle tiempo.

Plaza de España de Roma

Plaza de España de Roma

A las 23:00 llegó el momento de retirarse a descansar al hotel, así que volvimos caminando por via Barberini hasta llegar a la plaza que toma su nombre. Allí las obras deslucían un tanto la escena, pero el siempre imponente Hotel Bernini nos contemplaba. Decidimos subir por una empinada calle para volver al cruce con las quattro fontani, desde ahí deshicimos el camino de ida y llegamos al hotel cansados, pero con ganas de que llegara el día siguiente.

Sábado: El Vaticano y la Roma imprescindible

Era fundamental levantarse tempranito para aprovechar bien el día, así que a las 7:30 ya estábamos en marcha. Un buen desayuno y camino del Vaticano. Tendríamos un largo día por delante, con un espléndido Sol que nos acompañaría hasta el atardecer.

El recorrido de hoy era largo y ambicioso, pero conseguimos completarlo, caminando cerca de 10 Km. siendo el único momento que tomamos el transporte público en el inicio, en el trayecto de Termini hasta el Vaticano en el metro (línea A). Paramos en Ottaviano-San Pietro y nuestro primer destino fue el Museo Vaticano, donde sorprendentemente no encontramos cola de acceso, con el único pero de no poder ver la Capilla Sixtina, cerrada para el cónclave de elección del nuevo Papa.

Plaza Interior del Museo Vaticano

Plaza Interior del Museo Vaticano

Detenerme en todo lo que podemos ver y disfrutar en el Museo Vaticano, sería dedicarle miles de líneas a un lugar sobre el que encontraréis toda la información que necesitéis. Así que sólo me detendré en destacar algo que no conocía, la parte etnológica del museo, con referencias a todas las culturas y en plena construcción, pero con detalles que merecen ser destacados como la parte dedicada a la Isla de Pascua, los aborígenes de Australia o la cultura asiática de templos.

Cuánto dedicarle al museo es cuestión de gustos y tiempo, en nuestro caso, no pudimos dedicarle más de 3 horas, tiempo suficiente para ver lo más importante  y conocido. Para expertos o amantes del arte, éste es un lugar para dedicar un día completo.

Interior del Museo Vaticano

Interior del Museo Vaticano

Salimos del museo en dirección a la plaza de San Pedro, ahí sí que había cola para entrar en la basílica por excelencia. Viendo el panorama de colas, decidimos hacer unas cuantas fotos y tomarnos nuestro tiempo para disfrutar del lugar bajo un precioso azul. La plaza merece tiempo, para ver todos los detalles. Es la referencia para el mundo católico, pero también tiene algo especial que atrae a todas las personas más allá de sus creencias.

Finalmente, nos pusimos en cola y tras 30 minutos pudimos entrar en la Basílica de San Pedro. Aquí, de forma análoga al museo, dedicarle tiempo a contar toda la historia y detalles del lugar no sería justo. Es mejor que los leáis  y veáis por vosotros mismos. Eso sí, resaltar algunos detalles curiosos. En la nave central, podréis ver en el suelo inscripciones con nombres de catedrales y basílicas, es el tamaño que tienen en relación a San Pedro, la más grande de todas. Otro detalle es que se puede bajar, de forma gratuita, a la cripta donde están enterrados la mayoría de Papas que ha tenido la iglesia. Y la última recomendación sería colocarse de espaldas al baldaquino de Bernini y girar 360º, contemplando la basílica en su totalidad. Tendréis una visión espectacular.

360º en la Basilica de San Pedro

360º en la Basilica de San Pedro

Hablando de vistas, las mejores vistas de Roma se contemplan desde la cúpula de la Basílica, donde sí tendréis que pagar para subir los más de 500 escalones (se pueden ahorrar 200, pagando una entrada más cara y subiendo en ascensor). El trayecto para personas con poca forma física, puede hacerse duro, pero el resultado bien que merece la pena. Nosotros subimos los 500 escalones, despacito y con buena letra, y aseguro que al llegar arriba y ver lo que te espera, se te olvida el esfuerzo.

Contemplar esas vistas de Roma es algo imprescindible, porque aprecias toda su extensión y majestuosidad. El mirador de la cúpula te ofrece vistas de 360º, pudiendo ver Roma y el Vaticano en su totalidad. Si ya disponéis de una buena cámara o un móvil que haga panorámicas, obtendréis escenas como ésta.

Panorámica de Roma

Panorámica de Roma

La bajada desde la cúpula se afronta con otro ánimo, primero por lo que has visto y segundo porque bajar siempre ha sido más fácil que subir. Con esto concluíamos nuestra estancia en el Vaticano, tomando la via de la Conziliacione para llegar al Castillo de Sant´Angelo y seguir viendo a ver la Roma imprescindible como yo la llamo.

La llegada al Castillo, también está rodeada de cierta curiosidad, porque tiene una de las mayores concentraciones de vendedores por metro cuadrado. Aquí lo que buscas, lo encuentras, regateando eso sí. Son tantos, que se genera un pasillo entre sus productos. Recuerdo que la primera vez que visitas Roma te sientes abrumado, pero luego ya te acostumbras. Decidimos no entrar al Castillo, para seguir visitando la ciudad y buscar un sitio de comer, ya que eran las 14:30.

Pasamos por el precioso puente que cruza el Tíber, flanqueado por estatuas y vendedores, con el Castillo en un lateral y el Vaticano al fondo. Este lugar también es de mis preferidos de la ciudad, aunque nos dirigíamos hacia el que más me gusta: la Plaza Navona. Aquí, en una de sus callejuelas (vicos) y antes de llegar a la plaza, pudimos comer de menú a buen precio.

Piazza Navona de Roma

Piazza Navona de Roma

Tras la comida, llegaba el momento helado, de nuevo melón-nutella, una combinación fresca y llena de sabor. Salimos a la plaza para degustarlo frente a la fuente de los 4 ríos, otra de las obras maestras de Bernini. Encontramos asiento justo enfrente, el mejor lugar para disfrutarlo. Una plaza llena de gente, de pintores, de artistas, en definitiva, llena de vida y luminosidad. A la plaza Navona la llamo mi lugar de referencia y no hay visita a Roma que no la visite, de día o de noche, da igual, siempre tiene algo diferente que ofrecer.

La siguiente parada sería el Panteón, otro impresionante edificio de fachada e interior, enclavada entre coquetas calles empedradas. Se sitúa a escaso 5 minutos caminando de Piazza Navona y es otra parada obligatoria. Tiene la curiosidad de ser el lugar donde está enterrado el gran Rafael Sanzio y en su interior se ofrecen misas a diario, incluso celebraciones de boda.

Panteón de Roma

Panteón de Roma

Muy cerca del Panteón, encontramos una de las grandes sorpresas del viaje: la basílica de San Ignacio, no sólo por su imponente interior, sino por una estructura de madera situada a la entrada que representa la unión de todas las iglesias en una sola, representado por un gran edificio circular, flanqueado en sus laterales por las principales iglesias/templos/catedrales del mundo. Así podréis reconocer la Catedral de San Basilio de Moscú o la Catedral de Lima, por citar algunas de las más famosas.

Seguimos caminando hasta vía del Corso, para encontrarnos con la primera imagen del monumento nacional a Vittorio Emanuelle, primer rey de la Italia unificada. Está situada en la plaza Venecia y está situado como antesala al inicio de la Roma clásica: foro romano, palatino y Coliseo. Se puede visitar, de forma gratuita, aunque cierra muy pronto el acceso al público.

Antes de llegar al foro romano, subimos las escaleras que nos llevan a la plaza Caffarelli, donde dos imponentes estatuas a caballo nos dan la bienvenida. En esta plaza es donde se  sitúan los museos capitolinos. En uno de los laterales de la plaza vemos una pequeña estatua de una loba con dos pequeñas estatuas que responden al nombre de Romulo y Remo. Se dice que fueron los fundadores de Roma, con esa queda todo dicho.

Desde un mirador cercano contemplamos el foro romano y, lejano, comenzaba a atisbarse el Coliseo, majestuoso e imponente, símbolo del imperio romano. Caminamos por la vía del foro imperial (foro imperiali) hasta llegar a la maravilla romana. Todo ese camino transcurre flanqueado en ambos lados por miles de años de historia, siendo los adoquines un continuo recuerdo de lo que fue aquel lugar.

La Roma más clásica y actual

La Roma más clásica y actual

Llegamos al Coliseo minutos antes del atardecer, tiempo suficiente para obtener unas preciosas imágenes de la maravilla y como anticipo de lo que sería nuestra visita del día siguiente. Caminamos por la plaza viendo el Arco de Constantino y una de las entradas del foro romano y el palatino.

Sin prisa, pero sin pausa, el atardecer comenzaba a caer sobre Roma y las luces amarillentas comenzaban a ganar a la luminosidad natural. Así que subimos rápidamente las escaleras situadas encima del metro, punto perfecto para captar la escena en todo su esplendor. Incluso nos permitimos el lujo de hacer pruebas hasta encontrar la foto perfecta.

Coliseo de Roma

Coliseo de Roma

La noche había entrado en la ciudad eterna, pero todavía quedaban algunas cosas en el tintero. Decidimos volver caminando hasta el hotel y aunque el cansancio empezaba a aparecer, la ilusión por seguir era mayor. Cruzamos el parque del Cole Oppio y callejeamos hasta llegar a otro de los puntos con sorpresa del día: la basílica de Santa Maria Maggiore. Eran las 19:30 y pensaba que estaría cerrado, sin embargo, estaba abierta y funcionando a pleno rendimiento con la celebración de una solemne misa. Qué sonoridad tiene la basílica, acorde con su belleza interior. Fue toda una experiencia estar 5-10 minutos contemplando la celebración.

Situados a pocos metros de Termini, la estación de trenes/buses/metro más importante de Roma, ya se respiraba el ambiente de estación como yo le digo. Continuo trasiego, muchas ventas, muchas compras, muchos locales, mucha gente, un run-run de que algo está pasando y de que puede pasar. No es inseguridad, porque no la sentimos, pero siempre hay que estar especialmente atentos en estos lugares.

Tomamos el camino hacia el hotel, a 5 minutos de Termini. Miré el reloj. Eran las 20:00, habíamos caminado 10 horas. Lo primero que se me vino a la cabeza es que habíamos venido desde el Vaticano caminando, tranquilamente, descubriendo Roma, como hay que ver las ciudades. Unos 10 kilómetros caminando.

Nos tomamos un receso y salimos a cenar para cerrar un día muy completo, donde habíamos conseguido ver todo lo previsto, pero aún quedaba la visita a la maravilla del Coliseo. Eso sería en una intensa mañana de domingo con la que cerramos nuestra visita a Roma.

Domingo. La Roma clásica. Coliseo, foro y palatino.

Comenzaba un nuevo día en la ciudad eterna. Algunas nubes no permiten que el Sol brille en su plenitud, pero los rayos comienzan a ganar terreno. Visitaremos el Coliseo en un día espléndido. De nuevo, volvemos a madrugar, hay que aprovechar bien la mañana.

Volvimos a pasar por la Basilica de Santa Maria Maggiore, aunque nuestro primer destino del día era otro: San Pietro in Vincoli, donde se puede contemplar, el Moisés de Miguel Ángel, otra maravilla de la escultura del genio italiano.

Moisés de Miguel Angel

Moisés de Miguel Angel

 Se trata de una pequeña iglesia, situada al lado de la escuela de ingenieros de Roma y en un lateral del parque del Cole Oppio. El Moisés suele estar tenuemente iluminado, porque se ilumina con la voluntad de algún turista por un 1€, así que si queréis contemplarlo con todo su esplendor, sólo tendréis que ser pacientes o echar vosotros mismos la moneda.

El siguiente destino del día fue el Coliseo, la maravilla del mundo de Roma, pero esa historia debe ser contada en otro lugar, 21Wonders, donde se detalla toda la serie de artículos dedicados a “Un día en…” y por tanto la visita al Coliseo. Eso sí, dejo un vídeo para comenzar a disfrutarlo y la historia para conocerlo.